Los compromisos de Alberto Fernández con el mundo sindical

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El presidente electo tendrá que consumar las promesas que le permitieron sellar una alianza estratégica con el movimiento obrero organizado.

Foto: Prensa Alberto Fernández

Tras ser consagrado como nuevo presidente argentino en los comicios generales del último domingo, Alberto Fernández iniciará su gestión a partir del 10 de diciembre con innumerables conflictos, producto de la debacle económica, social y política que el macrismo deja como legado.

Para hacer frente a las graves dificultades, el nuevo mandatario electo con más del 48% de los votos deberá apuntalar su gestión fortaleciendo los vínculos que supo construir durante la campaña electoral con los sectores más influyentes.

En ese sentido, uno de los aliados estratégicos del nuevo gobierno será el movimiento obrero organizado, con el que el Frente de Todos acordó tres reivindicaciones fundamentales: restituir el Ministerio de Trabajo, celebrar paritarias libres y no sancionar reformas laborales.

En relación al primer punto, Fernández ya expresó su voluntad de restablecer el rango ministerial de la cartera laboral nacional, convertida en secretaría por el Gobierno de Mauricio Macri. "Trabajo volverá a ser ministerio", señaló el nuevo presidente en un encuentro que celebró junto a los popes de la Confederación General del Trabajo (CGT) cuando era candidato.

Foto: Minuto Uno

En un principio se especuló con la posibilidad de que el propio titular de la CGT, Héctor Daer, sea nombrado como ministro de Trabajo para encausar los numerosos conflictos laborales y sobre todo salariales que se suscitarán en los primeros meses de gestión.

Sin embargo, dicha posibilidad está casi descartada debido a que el dirigente sindical de la Sanidad no aceptó la propuesta. Ello le otorga mayores chances a hombres como Claudio Moroni -ex director de Anses y Afip- y Nicolás Trotta -rector de la Universidad Metropolitana para la Educación y el Trabajo-.

Independientemente de los nombres, la restitución del Ministerio de Trabajo será primordial para que el Estado vuelva a tener presencia fuerte en las discusiones que mantendrán los sectores del trabajo con las patronales.

Esta última cuestión condiciona directamente al segundo compromiso que Fernández asumió con el movimiento obrero: celebrar paritarias libres. La cartera laboral será clave para que el Gobierno tenga injerencia en las tratativas salariales ya que, como dijo el propio Alberto, la recuperación del poder adquisitivo es uno de los aspectos que permitirá poner en funcionamiento el consumo y los engranajes de la producción.

"Hay que volver a liberar la discusión de cuánto tiene que ganar un argentino", señaló Fernández en campaña. Y recordó: "En 12 años con Néstor y Cristina, el salario real creció el 19%, mientras que en tres años de Macri cayó el 20%. Los argentinos hoy ganan 20% menos que en 2015".

El último compromiso asumido es el que más contrapuntos genera dentro del Frente de Todos, fundamentalmente entre el sindicalismo y quienes son fuente de consulta constante del propio Alberto Fernández en materia económica.

Foto: Asociación Bancaria

El moyanismo, la CTA-T y el sector más combativo de la CGT  (con el bancario Sergio Palazzo a la cabeza) resolvieron su apoyo al Frente de Todos debido a que fue el único armado político que, en campaña, rechazó de lleno la aplicación de una reforma laboral.

Desde el movimiento obrero entienden que cualquier tipo de modificación de la legislación vigente y los convenios colectivos, constituirá el puntapié inicial para flexibilizar totalmente los derechos de las y los trabajadores y debilitar definitivamente al modelo sindical argentino, cumpliendo así uno de los viejos anhelos del liberalismo vernáculo.

Sin embargo, la postura de la dirigencia gremial entra en conflicto directo con el posicionamiento de diversos asesores de confianza de Fernández, entre los que se destaca el economista Guillermo Nielsen, quien en reiteradas ocasiones se mostró a favor de implementar una reforma laboral, condición que el Fondo Monetario Internacional (FMI) busca imponer para renegociar la deuda contraída durante la gestión de Mauricio Macri.

Si bien Fernández se comprometió a cumplir las tres promesas asumidas con las cúpulas sindicales, el presidente deberá ratificar sus dichos y plasmarlos en la práctica, aun cuando ello signifique confrontar con aquellos poderes fácticos que poseen la capacidad de fuego necesaria para hacer tambalear a cualquier gobierno.

Será Fernández el único responsable de dirimir quiénes vertebrarán su gestión: las y los trabajadores representados en el movimiento obrero organizado, o los sectores concentrados que tantos dividendos obtuvieron en los últimos cuatro años.


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