A una semana del 30A

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El último 30 de abril, distintas organizaciones sindicales de todos los rincones del país llevaron a cabo un paro nacional contundente.

Foto: NA

Por: Carlos Cafure (abogado laboralista)

En la masiva huelga nacional que se desarrolló la semana pasada en todo el país hubo un gran ausente. En realidad, un gran ausente que hace más de tres años no se pronuncia, no defiende a nadie, no es independiente del Gobierno nacional y genera vergüenza ajena. Hablo de la CGT central.

Queda en evidencia que este histórica agrupamiento se transformó en una cáscara vacía, sin contenidos, cayendo en un estado de decadencia terminal. En ese mismo estado ha caído también los dirigentes que inmerecidamente la encabezan actualmente, quienes por dignidad deberían presentar su inmediata renuncia: por su mediocre gestión y sobre todo por haber traicionado con su inacción manifiesta a los jubilados, trabajadores y sectores más vulnerables.

Desde el Gobierno nacional se criticó duramente el paro que un gran número de sindicatos llevó adelante. Ahora bien, los ciudadanos podríamos decir con ese mismo criterio que el propio Gobierno -acompañado en muchas de sus medidas por gobiernos provinciales- es el responsable de parar y estancar a la República Argentina desde hace cuatro años: con sus permanentes medidas de ajuste, sin rumbo económico, con transferencia de recursos desde los sectores medios-bajos hacia los sectores más acomodados, con tarifazos impagables, con una inflación en aumento, con un endeudamiento histórico, con la vuelta al FMI, con la destrucción de la industria nacional, con el cierre de grandes empresas y pymes -también comercios-, con despidos de trabajadores por miles, con reducción de los haberes jubilatorios.

Existen algunos gremios que durante los tres últimos años estuvieron haciendo la plancha, y ahora han empezado a sumarse.

Hay sindicatos que se ven obligados a dar la cara, no por la decisión de sus autoridades sino fundamentalmente por las exigencias de las propias bases, que son las que vienen padeciendo desde hace años las políticas antiobreras del macrismo. 

Muchos de esos gremios son los que han especulado continuamente respecto al "qué hacer", al no fijar posiciones concretas. Ello a diferencia de otras organizaciones que a nivel nacional y provincial siempre han mostrado coherencia entre lo dicho y lo hecho, acompañando incondicionalmente a sus propias bases. 

Frente a un Gobierno central que no escucha y que busca profundizar sus políticas de ajuste en contra del pueblo, el movimiento obrero argentino debe demostrar altura y elaborar un plan de lucha que no se reduzca solamente a aisladas medidas de fuerza.

Un sector de la oposición política ya ha demostrado ser más de lo mismo. Pues con mayoría en el Congreso, nunca le puso límites a los antojos del Ejecutivo nacional, demostrando su interés solo pasa por conseguir cargos para las próximas elecciones.

El movimiento obrero es la última línea de defensa que queda frente a gobiernos neoliberales como el que encabeza el presidente Mauricio Macri y Cambiemos, y por ello la CGT debe convocar urgentemente a un comité central confederal que permita elegir un nuevo conductor para la central obrera madre ya que existen dirigentes para encabezarla. 

Estos tiempos le demandan al sindicalismo nacional hablar menos y hacer más.


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